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Rodando en la Antártida

marzo 2016 // Categorizado en: , ,

Llevo tiempo algo desconectado porque he estado dos meses trabajando en un proyecto maravilloso que me ha tenido, literalmente, alejado de la civilización: he estado rodando en la Antártida. Puff se me ponen los pelos de punta sólo de pensarlo… ha sido una experiencia alucinante, un viaje increíble que me ha llevado a conocer uno de los lugares más especiales del planeta.  Nunca me olvidaré del primer iceberg que vimos desde el barco, un monstruo kilométrico y majestuoso flotando en mitad del mar… en cuanto lo vi supe que lo que venía a continuación iba a ser mejor de lo que pensaba. Y efectivamente, daba igual cuántas fotos o documentales hubiese visto antes de ir: la Antártida es un lugar que me marcaría.

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Es increíble lo diminuto que te sientes ahí, apenas un puntito rojo en medio de un mar blanco, rodeado de glaciares y montañas de hielo. Las distancias son gigantes y de alguna forma inabarcables, sin puntos de referencia claros a los que atenerte: no ves un árbol, no ves una casa. Sólo hielo y mar. Es un paisaje solemne, donde no hay más movimiento que los ocasionales pingüinos y focas, y donde todo parece imbuido por una elegancia sobrenatural. El blanco virgen, los azules profundos, el frío cortante. Es una verdadera maravilla, y me siento muy privilegiado por haberla podido disfrutar: he dormido al raso sobre el hielo y me he bañado en aguas heladas, he visto orcas, focas leopardo y crías de pingüino, he vivido en un glaciar y he rodado durante el sol de medianoche… ¿qué más se puede pedir? Me encanta trabajar en estudio, pero joder qué bonito es salir de vez en cuando.

Estar en este tipo de lugares muchas veces me ayuda a relativizar mis preocupaciones y “problemas”, ¿en serio es tan importante esa entrega que tengo al volver?, ¿de verdad me voy a amargar por el golpe que han dado a mi coche? De repente nada me estresa y me quito de encima muchas necesidades accesorias. Qué gusto es estar desconectado y disfrutar de la naturaleza que tienes delante. Qué gusto quitarse las tonterías.

Rodaje_Antartida2

Bien, estaréis pensando: mu bonito todo eso pero, ¿qué coño hacías allí? Pues rodar. La IANC (International Alliance for Nature Conservation) me llamó para que escribiese y dirigiese una pieza que funcionará a modo de trailer/piloto de lo que, si todo va bien, algún día será un largometraje documental. Entonces fuimos un pequeño equipo de rodaje a la Antártida y estuvimos un mes trabajando ahí y en los glaciares de la Patagonia Argentina. No os puedo contar mucho más de momento, pero es un proyecto muy bonito y que me ilusiona mucho. Me gustaría agradecer infinito al equipo de rodaje, Carlos Caraglia, César Domínguez, David Ferré y Marcos Van Dulken, unos genios con los que me encantó compartir esta experiencia, y a la IANC como organizadora e impulsora de todo el proyecto. GRACIAS.

La verdad que durante el viaje no hice ninguna foto personal, no había tiempo para ello. Sin embargo sí rodamos mucho y muy buen material. Ese material no puede salir a la luz todavía, pero os dejo como adelanto algunos fotograbas de la peli y fotos de making of.

Frame_Antartida

Otra de las cosas que me llamó la atención fue la luz. Cuando estuve era verano allí, así que el sol no llegaba a ponerse nunca, se mantenía en el cielo todo el día (y toda la no-noche) y casi siempre a una altura baja. Eso, unido con todo el hielo y la nieve creaba una luz muy especial, muy envolvente y etérea, sobre todo en los días con alguna nube. Creo que una de las mejores escuelas del mundo de iluminación es la observación. Desde que nacemos estamos rodeados de luz, y si prestamos atención podemos aprender mucho de ella. Es por eso que siempre me fijo y analizo las luces que me rodean y que me gustan, y en la Antártida vi luces con mucha personalidad: luces suaves pero creando volumen, sutiles y envolventes, en un entorno sin prácticamente ningún tono oscuro… muy interesante.

Frame_Antartida2

Si tuviera que recrear una luz parecida a esa en estudio partiría de una luz principal muy amplia, como una softbox octogonal de 150 o un para de 177 lejos del sujeto y, además del filtraje propio del modificador, lo filtraría (por lo menos) a través de un palio posiblemente de seda. El objetivo sería una luz muy amplia y suave, pero que marque dirección. Intentaría controlar con cortes los laterales y la parte superior, para evitar que se abriese demasiado y perder la direccionalidad de la luz. A partir de eso, añadiría otras luces suaves en distintos ángulos para actuar como relleno… básicamente haría un set un poco 360 con intensidades muy bajas y luces muy difusas según el personaje, decorado y distancias. Si, sé que en el exterior la única fuente es el sol… pero en realidad el cielo actúa como un reflector gigante, la luz rebota en el hielo, en el agua… en las situaciones de este tipo terminas teniendo luces muy suaves desde muchas direcciones, y eso se puede recrear en estudio con distintos puntos de luz (o reflectores, pero me gusta más usar puntos de luz porque tienes más control) si los manejas con cuidado y de forma sutil. Por supuesto lo que estoy contando es simplemente un acercamiento al set que montaría, habría que ver el personaje, paleta de color, decorado etc… pero si me parece interesante el ejercicio de ver una luz bonita que te llama la atención y luego tratar de recrearla en estudio.

Bueno, no me enrrollo más, he disfrutado de un proyecto precioso y espero mostraros más sobre él pronto, aunque es verdad que este tipo de proyectos suelen ir despacio. En cualquier caso quería compartir la experiencia con vosotros!

¡Un saludo!

Gonzaga

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